Dos pasos Dos pasos
Aprendí a cocinar el arroz en dos pasos, separados entre sí por varios años. En general, raro es el concepto que asimilo de improviso.... Dos pasos

Aprendí a cocinar el arroz en dos pasos, separados entre sí por varios años. En general, raro es el concepto que asimilo de improviso. Piense en lo que piense, he necesitado al menos dos intentos para lograrlo. Embocar, por ejemplo, y luego ya con tiempo y paciencia ajena descubrir cómo moverte al unísono de otra cadera. O escuchar la pregunta «¿Qué tal me queda?» y evitar la trampa, mirando al horizonte, sin responder jamás. En general, avanzo entre tumbos. Mi vida, vista hacia atrás, es una confusión en cuya estela solo brillan los momentos de reinicio, los cambios de opinión, los virajes. Aunque no acertase. Esto a usted le da igual, pero a mí cada semana me conceden este espacio vertical por mor de un rebote editorial y hoy quiero insistirle en que el zigzag es una opción oportuna, en la vida y en la intimidad. Con el arroz me pasó: un día leí la diferencia entre el arroz alicantino (sofrito y cubierto de caldo hirviendo) y el valenciano (primero te esmeras un guiso con abundante caldo, y una vez listo le añades el arroz dibujando una cruz), y por esa carretera transité durante una larga temporada dominguera. Hasta que un día me compré ‘Paella’, el libro de Alberto Herráiz, y giré hacia la autopista del arroz: saborear el aceite en el que vas a sofreír, infusionar los caldos con especias, rematar la paella en el horno, y obedecer la regla de oro de los 17 minutos en total. He probado esa regla en otros ámbitos, pero no siempre, no.

David Remartinez Redactor

(Zaragoza, 1971). Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha trabajado en radio, televisión y prensa, y se incorporó a la plantilla de El Diario Montañés en 2011. Actualmente trabaja en la edición digital y escribe el blog Remartini Seco.

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