La sandía, depuración fresquita La sandía, depuración fresquita
La sandía es una fruta que se cultiva en la huerta. Es realmente una hortaliza como lo son sus parientes cercanos la calabaza y... La sandía, depuración fresquita

La sandía es una fruta que se cultiva en la huerta. Es realmente una hortaliza como lo son sus parientes cercanos la calabaza y el calabacín. Nutricionalmente es una fruta ya que se considera como tal a cualquier fruto comestible de ciertas plantas o árboles que contengan mucho agua y sabor dulce. Así que la sandía, con su pulpa rosada llena de agua y de sabor dulce es una fruta. Además es una de las más mediterráneas de las frutas ya que es originaria del Valle del Nilo.

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Desde el punto de vista nutricional la sandía proporciona numerosas ventajas. Es muy rica en antioxidantes como el licopeno y las vitaminas A (carotenos) y C. Una raja de sandía proporciona el 100 y el 40 por ciento de los requerimientos diarios de estas dos vitaminas.

También contiene numerosas vitaminas del grupo B a destacar su contenido en ácido fólico (folatos) y piridoxina o vitamina B6. Esta última vitamina tiene muchas funciones metabólicas, sobre el sistema nervioso y sobre el metabolismo del alcohol que la hacen especialmente interesantes en sus funciones depurativas tras la ingesta excesiva de alcohol.

El principal componente de la sandía es el agua (91 gramos de agua por cada 100 gramos) lo que la convierte posiblemente en la fruta con mayor contenido en agua. Esto, junto con su elevado contenido en potasio (116 mg por 100 gramos) y su bajo contenido en sodio (2 mg por 100 gramos) confieren a la sandía sus poderosos efectos diuréticos e hidratantes.

Es un remedio excelente para las resacas de una noche de excesos, no solo porque hidrata (gran parte de los dolores de cabeza son consecuencia del efecto deshidratante del alcohol), sino porque aporta vitamina B6, que es un excelente acelerador del metabolismo del etanol.

La sandía tiene hidratos de carbono simples (de 4 a 7 gramos por 100 gramos, casi todo en forma de fructosa) que le proporciona su característico sabor dulce, y algo de fibra (medio gramo por cada cien gramos).

Pero la sandía, en contra de lo que parece, no es de las frutas que más azúcar proporcionan; las uvas, los higos y el plátano la superan. Contiene muy pocas grasas y proteínas en su pulpa, pero si en sus pepitas.

Las pepitas de la sandía se pueden poner a secar y luego consumirlas en momentos de ocio como cualquier otra pipa. Tienen gran valor nutricional ya que aportan grasas poliinsaturadas y proteínas, además de algunos minerales como el calcio. Lástima que esta costumbre se ha perdido por el consumo mayoritario de sandías sin pepitas.

La sandía aporta muy pocas calorías por ración lo que junto a sus propiedades depurativas la convierten en el alimento ideal para recuperar el peso tras los excesos gastronómicos y alcohólicos del verano. 100 gramos de sandía (un par de buenas tajadas) aportan solamente entre 20 y 30 kilocalorías.
Su sabor dulce y su poder hidratante la convierten en el complemento ideal para matar el hambre y picotear entre horas.

José Enrique Campillo Médico

Catedrático de fisiología y experto en nutrición y alimentación.

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