Cultura gastronómica| Langosta del Cantábrico Cultura gastronómica| Langosta del Cantábrico
Por María de las Cuevas   Poco accesible, a una profundidad de entre 20 y 60 metros en el fondo marino rocoso, es donde... Cultura gastronómica| Langosta del Cantábrico

Por María de las Cuevas

 

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Poco accesible, a una profundidad de entre 20 y 60 metros en el fondo marino rocoso, es donde habita la langosta, un marisco muy apreciado, tanto más si es del Cantábrico por su carne tersa, al luchar con las corrientes y la bravura del oleaje y también debido a las algas de las que se alimenta, que favorece un sabor superior al de otras cetáreas del Pacífico, Índico, Caribe e incluso, las procedentes de aguas de Escocia e Irlanda.
Los mariscos españoles son en general los mejores del mundo. En la costa española se encuentra la langosta común (Panulirus elephans) y la langosta mora o marroquí (Panulirus mauritanieus). Para diferenciarlas hay que fijarse en la cola: la primera es de color rojo intenso con puntos blancos simétricos, mientras que la africana es rosa teja y con el caparazón lleno de púas. En cuanto a la langosta congelada, la mayor parte procede de Cuba, con fama de ser más insípida que la europea.
La más apreciada es la langosta roja, que es el color de la del Cantábrico, también conocida como Langosta Real del Cantábrico. Se pesca en los meses de verano, cuando está en mejores condiciones, y se mantienen vivos los ejemplares a lo largo de todo el año, para el abastecimiento de los restaurantes.

En Cantabria llegó a haber abundancia, en especial, en la localidad de Isla, en Arnuero, en la que este marisco se convirtió en seña de identidad y sus viveros fueron el motor para su desarrollo turístico y su mejor tarjeta de presentación. Fue tal la abundancia que el problema no era pescarlas sino venderlas, aseguran los hosteleros de la zona.

 

documental "La búsqueda de la langosta gigante", National geographic, lasexta

Su carne es fina, blanca y delicada. Se consumen cuando tienen cinco años. Su tamaño legal para comercializar es desde de 23 centímetros. Hay ejemplares que llegan a medir 40 o 50 centímetros y pesar de cuatro a siete kilos, aunque lo habitual es que el peso de la roja sobrepase ligeramente el kilo.
Por alrededor de 85-95 euros se puede recibir en casa un ejemplar de un kilo aproximadamente, encargándolo en viveros que envían pedidos a domicilio, de alta calidad, cocida o viva.
Este crustáceo invertebrado tiene cinco pares de patas y una cola en forma de abanico. Su duro caparazón espinado le sirve como defensa ante posibles depredadores que controla con el largo par de antenas que le salen de la cabeza. Tiene el cuerpo de colores pardos y violetas con manchas amarillas.
Curiosamente, realiza peregrinaciones en fila, en las que la langosta que va detrás va protegiéndole el abdomen con las antenas a la que la precede. Estas antenas le sirven de radar además de instrumento de defensa.
En el plato

TFGP.

Mejor si es chica: la langosta hembra es preferible al macho y se distingue por unas laminillas bajo la cola para sujetar las huevas anaranjadas que suele cargar.

La forma más común de prepararla es cociéndola durante veinticinco minutos en agua de mar (en su defecto, agua con abundante sal). A continuación se abre el ejemplar por la mitad y está lista para servir. También existen otras recetas más elaboradas, como el deliciosos salpicón de langosta. Para ello, se cuecen cuatro huevos y se trocean. A continuación, se desmenuza la langosta, ya cocida, y se añade a la mezcla pimiento, cebolla, aceite y un poco de vinagre.

Pilar González

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