No creo que haya nada más gratificante que hacer un platazo con lo que llamamos restos de otras elaboraciones. Esos excedentes de comidas que...

No creo que haya nada más gratificante que hacer un platazo con lo que llamamos restos de otras elaboraciones. Esos excedentes de comidas que intentamos transformar para que en casa no se quejen de que estamos comiendo lo mismo todo el día, aquí es donde llega el I+D culinario y las cabezas se ponen a pensar. Esto me encanta, ya que algunas veces el plato que ha nacido de otro plato supera con creces a su antecesor.

Ya hemos hablado en otras ocasiones del aprovechamiento de restos, pero en mi opinión lo que mejor puede acompañar a cualquier ‘sobra’ es el arroz, además de unas patatas.

Y es que el arroz es un elemento común en todos los países del mundo, aunque su utilización sea tan variada, desde elemento cultural, como guarnición, como base de la alimentación o como vehículo del sabor o base de la armonía de distintos elementos, que es básicamente lo que sabemos hacer nosotros.

En concreto uno de mis favoritos es cuando sobra algún guiso de carne con su salsa y con eso y cuatro cosas hacemos un pedazo de arroz que se recuerda en casa durante mucho tiempo.

Al día siguiente de haber degustado unas sabrosísimas hamburguesas de rabo estofado, y con excedentes de carne en la nevera, lo vi claro: junté cuantas verduras tenía a mano y la suave y melosa carne de rabo que junto con su salsa estaba seguro me iban a hacer llegar al olimpo de los arroces.

Con todo ello hice un sofrito, unas alcachofas, judías verdes, zanahoria, guisantes (estos eran congelados), un toque de ajo y un tomate rallado.

Cuando todo estaba bien pochado le añadí un poco de azafrán, previamente tostado para sacarle todo su aroma, y una pizca de pimentón.

Ya solo quedaba agregar la carne guisada y desmigada del rabo, el arroz y otra vez le di un par de vueltas a todo el conjunto, para mezclar y combinar todos esos magníficos sabores.

El caldo para mojar esta obra de arte resultó ser la salsa del guiso original, al que añadí un poco de agua para obtener más cantidad, ya que estaba convenientemente reducido. Con el caldo en un fuego hirviendo y la paella con todo mezclado en el otro empecé a mojar y a escuchar ese inconfundible sonido de chisporroteo que suena a campanas de gloria cuando haces un arroz. 16 minutos de reloj mas tarde teníamos el resultado final, un arroz con un grano perfectamente cocido e impregnado de un suculento sabor.

A veces las cosas más sencillas son las que más nos hacen disfrutar. Probadlo y buen provecho.

Ricardo Ezcurdia Cocinero

Para este profesional del mundo de la joyería la cocina es su auténtica pasión, lo que le ha llevado a realizar numerosos cursos junto a grandes cocineros. Esta afición le animó a inscribirse en el concurso televisivo Master chef, donde en alguna edición se ha quedado a escasos pasos de ser seleccionados. Colaborador habitual en Cantabria en la Mesa, pone el contrapunto con sus artículos dando la visión del cocinero aficionado, compartiendo con los lectores sus recetas y sus trucos.

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