La pasada semana, unos más y otros menos, tuvimos la ocasión de celebrar la semana más religiosa del año y que como todo acto...

La pasada semana, unos más y otros menos, tuvimos la ocasión de celebrar la semana más religiosa del año y que como todo acto festivo en este santo país, disfruta de unos importantes y numerosos condicionantes gastronómicos. El ilustre Álvaro Cunqueiro ya nos deleitaba hace más de 50 años con los aspectos sacros del vino y la comida, recordados y recreados en cada ceremonia religiosa. Como ustedes saben, existe una extensa literatura ‘religas-tronómica’ y yo para esta ocasión les he elegido un libro recopilatorio de recetas de conventos recogidas por la Academia de la Cocina Española hace ya casi 20 años.

Compuesto de varios capítulos, comienza con uno dedicado a las ‘Sopas y Potajes’ con nombres tan sugerentes como ‘Sopa de cuaresma’, ‘Garbanzos a lo carmelita’, ‘Olla de capellán’ o ‘Potaje de convento’.

El siguiente capítulo lo dedican a ‘La Cocina del Huerto’ y destaco, por encima de todas, una receta con un nombre tan sugerente como ‘Menestra del huerto de Dios’. Con unos ‘Fritos de espinacas y collejas de vigilia’, unos ‘Huevos de San Blas’, una ‘Tortilla cartujana’ o una ‘Empanada de vigilia’, aportan recetas en los dos capítulos siguientes dedicados a las Frituras y Arroces, patatas y otros platos.

Entre los pescados, carnes y caza, además de un ‘Pastel de convento’ y unas ‘Pechugas de pollo a la cardenal’, me atrevo a destacar un ilustre plato que traspasando las barreras del convento llegó a formar parte del legado de cocina tradicional española: ‘Faisán al modo de Alcántara’.
Pero, estaréis conmigo, queridos gastrolectores, que si en algún capítulo destaca la cocina que realizaron monjas frailes tras los muros de sus retiros espirituales, es en el de los postres y dulces; ‘Barrigas de monja’, ‘Huevos de Pascua’, ‘Mantecada de El Escorial’, ‘Rosquillas de San Leandro’, ‘Yemas de Santa Teresa’… son algunos ejemplos de la gastronomía dulce elaborada en nuestros conventos.

El libro se acaba con un corto capítulo dedicado al vino, recordándonos como en una época no tan lejana fueron abades y priores los conservadores y creadores de una nueva cultura vinícola, dejándonos como cita la incuestionable aportación de Don Perignon.

Y yo os dejo con una cita de Pedro Moularde Michelena: «Sin vino no hay coci-na,pero sin cocinano hay salvación,nien este mun-do ni en el otro».

Ángel Luis Gómez Calle Crítico literario

Profesor de la Escuela de Hostelería del IES Fuente Fresnedo de Laredo.

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