Entre otras cosas buenas, a los hosteleros el otoño nos trae el inicio de la temporada de ferias y congresos gastronómicos. Ojalá este tipo...

Entre otras cosas buenas, a los hosteleros el otoño nos trae el inicio de la temporada de ferias y congresos gastronómicos. Ojalá este tipo de eventos fuera solo para profesionales del sector, porque no hay nada más molesto que estar en una feria con un expositor probando algún producto, o viendo algo nuevo, o recogiendo información, y que se abalancen unas cuantas manos de abuelas en busca de la tapa gratis de la tarde. Y cuando se quieren dar cuenta de que lo que estamos viendo son unos platos y unas bandejas con formas y texturas raras y que no es nada de comer, ya la han liado parda poniendo el stand patas arriba, y encima se marchan muy enfadadas.

O ese momento Show cooking a cargo de un chef de moda ‘guay del Paraguay’ enseñando una técnica súper interesante y elaborando un plato en directo que luego se supone vamos a probar los que hemos estado atentos al evento. ¡Pues no hay manera, oye! Justo cuando ya estás salivando porque el plato está listo y empieza la degustación, aparecen, de no se sabe dónde, unos personajes extraños que se zampan en un momento todo lo que acaban de servir para el público que estábamos allí, y además se abren paso a codazo limpio para hacerse un selfie junto al cocinero Top Chef, que el pobre está sudando la gota gorda no solo por lo que ha cocinado, sino por lo que se le viene encima.

Lo único que se puede hacer en estos casos es quedarte ahí con cara de tonto de remate.

Que yo sepa a nadie se le ocurre pedir entradas para un congreso médico a ver si nos dan unos ibuprofenos gratis o nos ponen al día de las últimas técnicas de punción lumbar, pero para lo relacionado con la gastronomía y con trapiñar gratis, nos organizamos enseguida.

Tengo la sensación a veces de que todavía hay mucha falta de respeto hacia nuestro sector y hacia nuestra profesión.

Aventuras aparte, no hay nada más enriquecedor y revitalizador que viajar y salir de nuestra rutina diaria y de nuestra zona de confort para inspirarse y coger ideas, para abrir la mente y ver que hacen otros profesionales.

Tenemos que movernos, probar, ver, oler, tocar, y dejar que nos lleguen cosas distintas, para después volver a casa, a nuestros negocios, con aire fresco en la cabeza y con energía renovada en el corazón.

Pilar Velarde Empresaria 2.0

Tenía 19 años cuando monté mi primer negocio. Han pasado muchas cosas desde entonces, muchas y muy intensas, y no ha sido fácil en absoluto, pero ha merecido la pena.

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